No hagas caso de los comerciales.
“No hagas caso de los comerciales. Sólo quieren tu dinero”
Es una frase que me decía mi abuelo cuando aún estaba bien. Era un poco huraño.
Cada vez que venía un comercial a su puerta, la abría poniendo la mano extendida.
De hecho abría así siempre. “¿Qué? ¿No vienes a darme nada? Pues a la puta calle”
Y cerraba la puerta. Cuando empezó a estar mal, a mi me cerró la puerta en las narices un par de veces pensando que era un comercial. Y cuando le decía a la puerta cerrada ¡“Abuelo que soy yo!” volvía a abrir. “Perdona, perdona… Es que no hay que hacer caso a los comerciales”. Repetía como siempre.
Mi abuelo ahora tiene 94 años y está en una residencia. Afortunadamente allí no van comerciales a venderle cosas. No ve. Apenas oye, y sigue tan huraño como siempre.
Era un adolescente durante la guerra. Fue la historia de la cenicienta, versión pastor de Soria. Su madrastra le mandaba a pastorear los animales desde niño. Y cuando su padre murió, su madrastra básicamente le echó de casa y se quedó con todo lo que era suyo.
Le dieron unos reales para el viaje y les encasquetaron al zagal a unos primos de Madrid que trabajaban en una portería. Ahí pudo tener lo más parecido a una vida normal. Toda su infancia había sido un poco extraña. La única foto que tiene de aquel entonces era una foto de la escuela en la que sujetaba un libro bocabajo porque ni siquiera aprendió a leer. Normal. La foto, nos contaba siempre… Fue un paripé. Porque se pasaba casi todo el curso con las ovejas. Aprendió a leer aquí en Madrid, y acabó trabajando en una empresa llamada Abelló. Donde llamó cuello pato a Mario Conde varias veces.
Mi abuelo empezó a hacer negocios turbulentos en los ratos libres en Abelló. No era nada ilegal, pero un poco turbio. Rozando el trueque y el estraperlo. El cuento de la lechera llevado a la práctica. Y también era todo un tahúr a las cartas. Era un pillo.
Por eso no me extraña que desconfiase tanto de la comercial puerta a puerta.
Con el tiempo yo trabajé de comercial puerta a puerta una temporada y entendí a que se refería. Cuando vendes puerta a puerta, el cliente es el enemigo a derrotar.
Incluso si eres honrado, acabas odiando recibir tantos no es. Y como la honradez no es algo frecuente entre los comerciales puerta a puerta, se genera un discurso grupal de “vencer al enemigo”, el cliente. Como filosofía de vida. Además que tienes que lograr unos objetivos, y tu objetivo es vender algo que la gente no necesita. Porque si lo necesitasen habrían ido a comprarlo. En mi caso yo presuntamente vendía alarmas. Y os digo que poquísimas veces fueron las que al decir “somos de X empresa de seguridad” me dijeron “anda pasa, que justo íbamos a llamaros para pillaros una alarma”. Pocas veces rozando la ninguna.
Y dije presuntamente porque en teoría “no éramos vendedores”. Cuando nos acusaban de ir a venderles algo, les decíamos… (Porque así estaba escrito en nuestro argumentario) “No si nosotros no somos vendedores, somos promotores, nosotros cobramos igual vendamos o no (lo cual era mentira. Si no de que iba a ir a molestarles).” Y ni siquiera decíamos de qué empresa éramos. Decíamos la marca de alarma que vendíamos, y decíamos que estábamos promocionando un producto novedoso, que acababa de salir, ofertando un servicio especial en esa zona en exclusiva. Y también decíamos que la razón de elegir la zona es porque ese barrio habían aumentado los robos, por lo que la empresa había decidido hacer una oferta especial allí. Vamos que teníamos la poca vergüenza de meterles miedo infundado para que comprasen nuestro producto. Usando el miedo, como el PP.
Y al día siguiente a otra zona a repetir el mismo discurso del miedo.
El discurso estaba preparado de tal forma, para que si el posible cliente no nos echaba en el primer minuto, no tuviese oportunidad de hablar hasta que le habíamos explicado hasta los extras. El cliente era el enemigo a vencer. A convencer.
Al final me piré perdiendo medio mes de sueldo, por pirarme sin avisar. Me di cuenta que estaba cambiando mi forma de ser y no me gustaba.
Con el tiempo, mi padre que tenía un empleo estable y lo perdió acabó también de comercial puerta a puerta. En su caso de enciclopedias. Discutimos mucho en casa. Tanto mi abuelo como yo le dimos la tabarra a mi padre para que lo dejara desde el día uno. El necesitaba el dinero. Pero mi abuelo odiaba a los comerciales y prefería que mi padre se prostituyese a que vendiese puerta a puerta. Y bueno personalmente, yo preferiría que mi padre no llegase hasta ese extremo, pero también.
La gran diferencia es que mi padre entró de comercial cuando ya estaba la crisis. Así que los argumentarios de los comerciales en esta época eran aun más agresivos. Eran aun peores personas. Y mi padre aguantó menos que yo. El motivo por el que lo dejó él no fue como yo el sentir que timaba-mentía a todas las personas que le abrían la puerta. En su caso lo dejó porque mi padre es una persona de equipo. Y lo que no soportó fue que había competitividad interna hasta el punto de que se robaban clientes ya casi convencidos los unos a los otros. Ah! Y la guinda del pastel. Un día se fue a comer con los compañeros del trabajo, y uno le pidió prestado dinero diciéndole que se lo devolvía al día siguiente, que no podía pagar la comida. Le prestó cincuenta pavos. Al día siguiente ese tío, y media empresa habían hecho una excusión y se habían ido a otra ciudad a trabajar en equipo. Mi padre perdió cincuenta pavos por confiado. Y encima cuando llegó, y había solo media plantilla, era el más antiguo de los que se habían quedado. Le sentó mal que le dejaran fuera de la conspiración, y que no le subieran el sueldo ahora que le necesitaban para enseñar a los nuevos y iba a perder tiempo en ventas. Así que lo dejó. A las dos semanas le llamaron intentando convencerle de que volviera ofreciéndole lo que había pedido, porque las cosas les debían ir mal. Pero ya estaba retornado a la realidad no comercial. Le habíamos deslavado el cerebro en casa. Sabiendo que de lo fiel que era, los conspiranoicos que se iban a ir ni se lo habían sugerido, y le habían engañado, lo suyo habría sido intentar convencerle en el acto. Y más sabiendo que era el más antiguo y sólo llevaba unos meses… El empresario era un cabrón que sólo pensaba en el dinero. No supo ver el horizonte que se le avecinaba.
De hecho el empresario suele tener ese problema. No sabe ver dos pasos por delante. ¿Si hoy puede ganar un duro mas, porque va a preferir perder ese duro por ganar dos duros mas el día de mañana? Mejor pájaro en mano. Yo no pienso así. Yo creo que los empresarios deberían sugestionar la fidelidad. Hay varias formas de hacer que el empleado se sienta parte de la empresa, y no intente joderles llevándose la mitad de los trabajadores a otra ciudad sin avisar… La más conocida y mas modernilla, es la forma que usan empresas como Google. O empresas del mundo empresarial con cultura tribal, dinámicas de equipo cada cierto tiempo… Muchos rituales para socializar, comidas de empresa, días de paintball en comandita y cosas así. Pero eso lo que genera son soldados fieles. El método que a mi más me gusta para que el empresario sienta que la empresa es suya es el obvio. Venderle acciones. O pagarle parte del sueldo en participaciones.
De esa manera, el empleado no holgazanearía. Porque si el beneficio que se saque le reporta a él directamente, se esforzará mas. Por eso los comerciales se esfuerzan tanto. Porque las empresas de comerciales puerta a puerta les pagan a comisión. De hecho casi todos son “empresarios”. Me refiero, que las empresas para las que trabajan no les pagan la seguridad social. Son ellos si son legales los que la pagan. Pero yo no me refiero a eso. Yo hablo de empleados con todos los derechos laborales. Que si la cosa va bien, reciban una prima en participaciones, o el derecho a comprarlas o lo que sea.
Porque los comisionistas o empresarios por cuenta propia, como los comerciales no tienen ninguna garantía. Y por eso son tan cabrones. Porque de la venta que te hacen depende su pan. No pueden estar siendo amables con el cliente. Al menos amables de verdad. Tienen esa sonrisilla de tiburón contento cuando la conversación le va bien. Como ya lo han hecho tantas veces, saben con tus reacciones si la cosa va bien.
Y no sólo es así con la comercial puerta a puerta. También los que llaman por teléfono. De compañías de gas, o de compañías telefónicas. Que aunque te dicen que la conversación se graba, te mienten más que hablan. Porque tu jamás vas a poder tener acceso a las grabaciones si te timan. Esas grabaciones sirven para protegerles a ellos. Porque ya hay demasiada gente como mi abuelo que odia a los comerciales.
A ti te pueden timar con total libertad aunque les graben. De hecho si lo hacen bien, si te mienten tal y como les han enseñado encima les premian.
Lo normal es que las empresas premiasen a los trabajadores que traten bien a los clientes, no a los que les mienten. Lo normal es que los premios los recibiesen por excelencia profesional. No por venderle hielo a los esquimales. No son profesionales. A no ser que sean ladrones y timadores profesionales. Los comerciales en crisis salen de entre las piedras como hordas de hormigas rojas dispuestas a morder todo lo que se encuentren y luego volver al hormiguero a celebrarlo.
Me preocupa que si al final gobierna el PP, haga otra reforma laboral, como circula el rumor en los mentideros políticos. Porque entonces tenemos todos los mismos derechos laborales que los comerciales. Imagina ir a una peluquería que el peluquero no tiene un sueldo. Cobra a comisión en función de lo que te venda. Vamos a acabar todos con los peinados más caros. Nos van a intentar tomar el pelo hasta en la taquilla de Metro. ¿Señor? ¿Seguro que no le merece mejor la pena comprar diez metro buses en vez de uno? ¡Que ahora va a subir el precio! Y luego baja y te comes nueve billetes a un precio inflado. O te das cuenta que ni siquiera te ha vendido billetes. Te han vendido estampitas. Con una nueva reforma laboral con menos derechos nos vamos a convertir en un país de timadores. Y entonces cuando los comerciales de alarmas vayan vendiendo puerta a puerta… Y digan “han subido los robos en este barrio”. Sera verdad. Porque ellos están presentes.
Con una nueva reforma laboral, unos tendrán menos derechos y otros más. Me refiero, los trabajadores perderán derechos. Los empresarios ganaran derechos. Por ejemplo ganaran el derecho de pernada, que perdieron en la edad media y quieren recuperarlo.
Aunque en muchas empresas ya lo tienen. Todos conocemos la típica historia de alguien que se ha folleo al jefe para que no les despidan. En fin. Triste país. No te fíes de los comerciales. Y menos en época de crisis.
Es una frase que me decía mi abuelo cuando aún estaba bien. Era un poco huraño.
Cada vez que venía un comercial a su puerta, la abría poniendo la mano extendida.
De hecho abría así siempre. “¿Qué? ¿No vienes a darme nada? Pues a la puta calle”
Y cerraba la puerta. Cuando empezó a estar mal, a mi me cerró la puerta en las narices un par de veces pensando que era un comercial. Y cuando le decía a la puerta cerrada ¡“Abuelo que soy yo!” volvía a abrir. “Perdona, perdona… Es que no hay que hacer caso a los comerciales”. Repetía como siempre.
Mi abuelo ahora tiene 94 años y está en una residencia. Afortunadamente allí no van comerciales a venderle cosas. No ve. Apenas oye, y sigue tan huraño como siempre.
Era un adolescente durante la guerra. Fue la historia de la cenicienta, versión pastor de Soria. Su madrastra le mandaba a pastorear los animales desde niño. Y cuando su padre murió, su madrastra básicamente le echó de casa y se quedó con todo lo que era suyo.
Le dieron unos reales para el viaje y les encasquetaron al zagal a unos primos de Madrid que trabajaban en una portería. Ahí pudo tener lo más parecido a una vida normal. Toda su infancia había sido un poco extraña. La única foto que tiene de aquel entonces era una foto de la escuela en la que sujetaba un libro bocabajo porque ni siquiera aprendió a leer. Normal. La foto, nos contaba siempre… Fue un paripé. Porque se pasaba casi todo el curso con las ovejas. Aprendió a leer aquí en Madrid, y acabó trabajando en una empresa llamada Abelló. Donde llamó cuello pato a Mario Conde varias veces.
Mi abuelo empezó a hacer negocios turbulentos en los ratos libres en Abelló. No era nada ilegal, pero un poco turbio. Rozando el trueque y el estraperlo. El cuento de la lechera llevado a la práctica. Y también era todo un tahúr a las cartas. Era un pillo.
Por eso no me extraña que desconfiase tanto de la comercial puerta a puerta.
Con el tiempo yo trabajé de comercial puerta a puerta una temporada y entendí a que se refería. Cuando vendes puerta a puerta, el cliente es el enemigo a derrotar.
Incluso si eres honrado, acabas odiando recibir tantos no es. Y como la honradez no es algo frecuente entre los comerciales puerta a puerta, se genera un discurso grupal de “vencer al enemigo”, el cliente. Como filosofía de vida. Además que tienes que lograr unos objetivos, y tu objetivo es vender algo que la gente no necesita. Porque si lo necesitasen habrían ido a comprarlo. En mi caso yo presuntamente vendía alarmas. Y os digo que poquísimas veces fueron las que al decir “somos de X empresa de seguridad” me dijeron “anda pasa, que justo íbamos a llamaros para pillaros una alarma”. Pocas veces rozando la ninguna.
Y dije presuntamente porque en teoría “no éramos vendedores”. Cuando nos acusaban de ir a venderles algo, les decíamos… (Porque así estaba escrito en nuestro argumentario) “No si nosotros no somos vendedores, somos promotores, nosotros cobramos igual vendamos o no (lo cual era mentira. Si no de que iba a ir a molestarles).” Y ni siquiera decíamos de qué empresa éramos. Decíamos la marca de alarma que vendíamos, y decíamos que estábamos promocionando un producto novedoso, que acababa de salir, ofertando un servicio especial en esa zona en exclusiva. Y también decíamos que la razón de elegir la zona es porque ese barrio habían aumentado los robos, por lo que la empresa había decidido hacer una oferta especial allí. Vamos que teníamos la poca vergüenza de meterles miedo infundado para que comprasen nuestro producto. Usando el miedo, como el PP.
Y al día siguiente a otra zona a repetir el mismo discurso del miedo.
El discurso estaba preparado de tal forma, para que si el posible cliente no nos echaba en el primer minuto, no tuviese oportunidad de hablar hasta que le habíamos explicado hasta los extras. El cliente era el enemigo a vencer. A convencer.
Al final me piré perdiendo medio mes de sueldo, por pirarme sin avisar. Me di cuenta que estaba cambiando mi forma de ser y no me gustaba.
Con el tiempo, mi padre que tenía un empleo estable y lo perdió acabó también de comercial puerta a puerta. En su caso de enciclopedias. Discutimos mucho en casa. Tanto mi abuelo como yo le dimos la tabarra a mi padre para que lo dejara desde el día uno. El necesitaba el dinero. Pero mi abuelo odiaba a los comerciales y prefería que mi padre se prostituyese a que vendiese puerta a puerta. Y bueno personalmente, yo preferiría que mi padre no llegase hasta ese extremo, pero también.
La gran diferencia es que mi padre entró de comercial cuando ya estaba la crisis. Así que los argumentarios de los comerciales en esta época eran aun más agresivos. Eran aun peores personas. Y mi padre aguantó menos que yo. El motivo por el que lo dejó él no fue como yo el sentir que timaba-mentía a todas las personas que le abrían la puerta. En su caso lo dejó porque mi padre es una persona de equipo. Y lo que no soportó fue que había competitividad interna hasta el punto de que se robaban clientes ya casi convencidos los unos a los otros. Ah! Y la guinda del pastel. Un día se fue a comer con los compañeros del trabajo, y uno le pidió prestado dinero diciéndole que se lo devolvía al día siguiente, que no podía pagar la comida. Le prestó cincuenta pavos. Al día siguiente ese tío, y media empresa habían hecho una excusión y se habían ido a otra ciudad a trabajar en equipo. Mi padre perdió cincuenta pavos por confiado. Y encima cuando llegó, y había solo media plantilla, era el más antiguo de los que se habían quedado. Le sentó mal que le dejaran fuera de la conspiración, y que no le subieran el sueldo ahora que le necesitaban para enseñar a los nuevos y iba a perder tiempo en ventas. Así que lo dejó. A las dos semanas le llamaron intentando convencerle de que volviera ofreciéndole lo que había pedido, porque las cosas les debían ir mal. Pero ya estaba retornado a la realidad no comercial. Le habíamos deslavado el cerebro en casa. Sabiendo que de lo fiel que era, los conspiranoicos que se iban a ir ni se lo habían sugerido, y le habían engañado, lo suyo habría sido intentar convencerle en el acto. Y más sabiendo que era el más antiguo y sólo llevaba unos meses… El empresario era un cabrón que sólo pensaba en el dinero. No supo ver el horizonte que se le avecinaba.
De hecho el empresario suele tener ese problema. No sabe ver dos pasos por delante. ¿Si hoy puede ganar un duro mas, porque va a preferir perder ese duro por ganar dos duros mas el día de mañana? Mejor pájaro en mano. Yo no pienso así. Yo creo que los empresarios deberían sugestionar la fidelidad. Hay varias formas de hacer que el empleado se sienta parte de la empresa, y no intente joderles llevándose la mitad de los trabajadores a otra ciudad sin avisar… La más conocida y mas modernilla, es la forma que usan empresas como Google. O empresas del mundo empresarial con cultura tribal, dinámicas de equipo cada cierto tiempo… Muchos rituales para socializar, comidas de empresa, días de paintball en comandita y cosas así. Pero eso lo que genera son soldados fieles. El método que a mi más me gusta para que el empresario sienta que la empresa es suya es el obvio. Venderle acciones. O pagarle parte del sueldo en participaciones.
De esa manera, el empleado no holgazanearía. Porque si el beneficio que se saque le reporta a él directamente, se esforzará mas. Por eso los comerciales se esfuerzan tanto. Porque las empresas de comerciales puerta a puerta les pagan a comisión. De hecho casi todos son “empresarios”. Me refiero, que las empresas para las que trabajan no les pagan la seguridad social. Son ellos si son legales los que la pagan. Pero yo no me refiero a eso. Yo hablo de empleados con todos los derechos laborales. Que si la cosa va bien, reciban una prima en participaciones, o el derecho a comprarlas o lo que sea.
Porque los comisionistas o empresarios por cuenta propia, como los comerciales no tienen ninguna garantía. Y por eso son tan cabrones. Porque de la venta que te hacen depende su pan. No pueden estar siendo amables con el cliente. Al menos amables de verdad. Tienen esa sonrisilla de tiburón contento cuando la conversación le va bien. Como ya lo han hecho tantas veces, saben con tus reacciones si la cosa va bien.
Y no sólo es así con la comercial puerta a puerta. También los que llaman por teléfono. De compañías de gas, o de compañías telefónicas. Que aunque te dicen que la conversación se graba, te mienten más que hablan. Porque tu jamás vas a poder tener acceso a las grabaciones si te timan. Esas grabaciones sirven para protegerles a ellos. Porque ya hay demasiada gente como mi abuelo que odia a los comerciales.
A ti te pueden timar con total libertad aunque les graben. De hecho si lo hacen bien, si te mienten tal y como les han enseñado encima les premian.
Lo normal es que las empresas premiasen a los trabajadores que traten bien a los clientes, no a los que les mienten. Lo normal es que los premios los recibiesen por excelencia profesional. No por venderle hielo a los esquimales. No son profesionales. A no ser que sean ladrones y timadores profesionales. Los comerciales en crisis salen de entre las piedras como hordas de hormigas rojas dispuestas a morder todo lo que se encuentren y luego volver al hormiguero a celebrarlo.
Me preocupa que si al final gobierna el PP, haga otra reforma laboral, como circula el rumor en los mentideros políticos. Porque entonces tenemos todos los mismos derechos laborales que los comerciales. Imagina ir a una peluquería que el peluquero no tiene un sueldo. Cobra a comisión en función de lo que te venda. Vamos a acabar todos con los peinados más caros. Nos van a intentar tomar el pelo hasta en la taquilla de Metro. ¿Señor? ¿Seguro que no le merece mejor la pena comprar diez metro buses en vez de uno? ¡Que ahora va a subir el precio! Y luego baja y te comes nueve billetes a un precio inflado. O te das cuenta que ni siquiera te ha vendido billetes. Te han vendido estampitas. Con una nueva reforma laboral con menos derechos nos vamos a convertir en un país de timadores. Y entonces cuando los comerciales de alarmas vayan vendiendo puerta a puerta… Y digan “han subido los robos en este barrio”. Sera verdad. Porque ellos están presentes.
Con una nueva reforma laboral, unos tendrán menos derechos y otros más. Me refiero, los trabajadores perderán derechos. Los empresarios ganaran derechos. Por ejemplo ganaran el derecho de pernada, que perdieron en la edad media y quieren recuperarlo.
Aunque en muchas empresas ya lo tienen. Todos conocemos la típica historia de alguien que se ha folleo al jefe para que no les despidan. En fin. Triste país. No te fíes de los comerciales. Y menos en época de crisis.
Más cuánta razón santa tiene el mancebo en sus palabras, que
por triste que parezca por culpa de una
tostadora malsana, 12 meses cobraba esa empresa que con el incauto jugaba a 120
euros mes señalaba, por los libros que de zopenco me sacarían, a de regalo como
buen cliente tostadora te impone, para el desayuno con tostada y mermelada
decía, por cuanto mas que alegría, que por fin desayunaría como en gran
restaurante de la Granvia.
Y cuando se fue yo decía, que he firmado y para que yo quería unos libros que nunca
leería, pero me consolaba, con dos tostadas al día yo desayunaría, más que
las tostadas al año 1.440 Euros me salía, coño con ese gasto ni para pan de
molde tendría, joder con el embaucador que sin dinero y sin desayuno me
dejaría. (Ahora aplicarse el cuento)
A. Álvarez


















